“Fui un niño normal que hacía sus travesuras, que sacaban de paseo y que cuando me portaba mal me ponían de castigo. Recuerdo que me encantaba comer pasas a escondidas y subirme a comer cerezas. Terminaba rascándome todo el cuerpo...”
“Una vez me regalaron una lata de galletas y la usé como batería con un palo. Todavía no recuerdo que pasó con ese instrumento musical...”
“Otro día, se me ocurrió ver cómo funcionaba la fuerza de gravedad y tiré una piedra al cielo (como para ver si se la pegaba a Dios). En respuesta, Dios la mandó de vuelta a la tierra y se le pegó al más ‘fresco' de los niños del lugar: la piedra terminó... en la cabeza de mi hermano. Y yo terminé mi experimento. Me llamaron la atención, no lo volví a intentar... Ya no le tiro piedras a Dios.”